SIBO: por qué tu dieta no funciona y qué hacer cuando todo falla

¿Tu SIBO vuelve una y otra vez pese a antibióticos y dieta FODMAP? Descubre por qué el 40% no responde al tratamiento estándar y qué abordaje integral sí funciona. Nutricionista SIBO online.

SIBO: por qué tu dieta no funciona y qué hacer cuando todo falla

Has hecho la dieta baja en FODMAPs. Has tomado rifaximina, quizá dos veces. Te has gastado dinero en tests de aliento, en consultas con digestivos, en probióticos que te recomendó alguien en internet. Y sigues igual. O peor: mejoras tres semanas y luego todo vuelve. La hinchazón, los gases, el dolor abdominal, la sensación de que tu intestino no funciona y de que nadie sabe realmente por qué.

Si te sientes identificado con este escenario, lo primero que necesitas saber es que no estás solo. El segundo dato, menos reconfortante pero imprescindible para avanzar, es este: la ciencia confirma que el tratamiento estándar del SIBO falla en un porcentaje alarmante de pacientes.

Y la razón no es que tu cuerpo sea defectuoso, sino que el abordaje que has recibido probablemente ha sido incompleto.

Este artículo va a explicarte por qué ocurre eso, qué está fallando exactamente y qué se puede hacer cuando el camino convencional se agota. Lo hacemos con datos reales, estudios publicados y más de 20 años de experiencia clínica tratando casos de SIBO que no responden a los protocolos habituales.

¿Qué es exactamente el SIBO y por qué está explotando en España?

El SIBO (Small Intestinal Bacterial Overgrowth, o sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado) es un trastorno en el que proliferan de forma excesiva bacterias u otros microorganismos en una zona del tracto digestivo, el intestino delgado donde normalmente deberían ser escasos.

Tu intestino delgado está diseñado para absorber nutrientes, no para albergar grandes colonias bacterianas. Para mantener esa zona relativamente “limpia”, tu cuerpo cuenta con varios mecanismos de protección: el ácido gástrico del estómago (que elimina la mayoría de las bacterias ingeridas), la bilis, la motilidad intestinal (el peristaltismo que empuja el contenido hacia el colon), la válvula ileocecal (que impide el reflujo desde el intestino grueso) y el propio sistema inmunitario local.

Cuando uno o varios de estos mecanismos fallan, las bacterias proliferan donde no deberían. Y el resultado es un cuadro que puede incluir distensión abdominal, gases excesivos, dolor abdominal, diarrea o estreñimiento (o alternancia de ambos), náuseas, fatiga, niebla mental y, en casos prolongados, malabsorción de nutrientes con sus consecuencias: déficit de hierro, vitamina B12, vitaminas liposolubles y pérdida de peso involuntaria.

Cuando las bacterias predominantes producen metano en lugar de hidrógeno, el cuadro se denomina IMO (sobrecrecimiento intestinal metanógeno) y suele asociarse más con estreñimiento. Esta distinción tiene implicaciones terapéuticas importantes que muchos profesionales pasan por alto.

Las búsquedas de “SIBO tratamiento” en España superan las 2.400 al mes y crecen cada trimestre. Esto refleja dos cosas: que hay cada vez más personas diagnosticadas y que un porcentaje muy significativo de ellas no encuentra solución con lo que les ofrecen. Ese segundo dato es el que nos ocupa.

La cifra que tu digestivo probablemente no te ha dicho

Según una revisión publicada en Gastroenterología y Hepatología en 2024 (la revista oficial de la Asociación Española de Gastroenterología), la rifaximina el antibiótico de referencia para el SIBO tiene una eficacia de entre el 59% y el 63%. Dicho de otra forma: entre un 37% y un 41% de los pacientes no responden al tratamiento de primera línea.

Pero la cifra que realmente debería preocuparte es la de recurrencia.

El mismo consenso de expertos indica que la tasa de recidiva del SIBO se aproxima al 44% a los 9 meses y al 50% a los 12 meses.

Es decir, incluso entre los pacientes que sí responden inicialmente al antibiótico, casi la mitad vuelve a tener SIBO en menos de un año.

Esto significa que si tomaste rifaximina, mejoraste, y a los pocos meses volvieron los síntomas, no es que hayas hecho algo mal. Es que el tratamiento antibiótico solo no aborda la causa de fondo. Elimina las bacterias sobrantes, pero no corrige el motivo por el que proliferaron. Es como vaciar una bañera sin cerrar el grifo.

Una revisión publicada en Atención Primaria (2025) va más allá: tras el fracaso de dos tratamientos empíricos con antibióticos, las guías clínicas recomiendan replantear el diagnóstico completo. Las recidivas frecuentes no se resuelven con más rondas de lo mismo.

“Aproximadamente el 40% de los pacientes con SIBO no responden al tratamiento y las recurrencias a los 3, 6 y 9 meses son del 13%, 28% y 44%, respectivamente.”Atención Primaria, Elsevier, 2025

Por qué la dieta baja en FODMAPs no es la solución definitiva

Si hay un tema que genera confusión masiva en el mundo del SIBO, es el papel de la dieta baja en FODMAPs. La mayoría de los artículos que encontrarás en internet la presentan como “el tratamiento dietético del SIBO”. No lo es.

Los FODMAPs (oligosacáridos, disacáridos, monosacáridos y polioles fermentables) son hidratos de carbono de cadena corta que se absorben mal y fermentan fácilmente en el intestino. Al retirarlos de la dieta, reduces el sustrato disponible para las bacterias, lo que disminuye la producción de gas y alivia temporalmente los síntomas. Eso es lo que hace la dieta baja en FODMAPs: gestionar los síntomas, no curar la causa.

El problema aparece cuando esta dieta se mantiene indefinidamente, algo que ocurre con una frecuencia preocupante. La restricción prolongada de FODMAPs tiene consecuencias documentadas sobre la microbiota intestinal: reduce la diversidad bacteriana, disminuye las poblaciones de bifidobacterias beneficiosas y puede crear un ecosistema intestinal aún más desequilibrado a largo plazo. Estás silenciando los síntomas a costa de empobrecer tu microbiota, que es precisamente lo que necesitas recuperar.

Dato clave: La evidencia científica actual no respalda el uso de dietas de exclusión prolongadas como tratamiento del SIBO. Lo publicado en el consenso de Gastroenterología y Hepatología (2024) es claro: “No hay evidencia suficiente que promueva este tipo de dietas en el SIBO.”

Entonces, ¿cuándo tiene sentido hacer dieta baja en FODMAPs? Durante la fase aguda del tratamiento, como herramienta para controlar los síntomas mientras se trabaja sobre las causas reales. Semanas, no meses. Y siempre acompañada de una estrategia de reintroducción progresiva guiada por un profesional.

Las 5 causas reales por las que tu SIBO no se cura

Si el antibiótico no ha funcionado, si la dieta FODMAP solo te da un alivio temporal, o si tu SIBO vuelve una y otra vez, la explicación casi siempre está en una o varias de estas cinco causas subyacentes que nadie está abordando.

1. Hipoclorhidria: tu estómago no está haciendo su trabajo

Tu estómago es la primera barrera contra las bacterias que ingieres con los alimentos. En condiciones normales, el ácido clorhídrico elimina el 99% de las bacterias en cinco minutos. Cuando esa barrera se debilita por uso crónico de inhibidores de la bomba de protones (omeprazol, pantoprazol), por gastritis atrófica, por infección por Helicobacter pylori o por hipotiroidismo mal regulado las bacterias pasan libremente al intestino delgado.

Si tomas omeprazol de forma crónica y tienes SIBO recurrente, esta conexión debería ser lo primero que se investigue.

2. Trastornos de la motilidad intestinal: el sistema de limpieza está averiado

El peristaltismo funciona también como sistema de limpieza. El complejo motor migratorio (CMM) es una onda de contracción que recorre el intestino delgado cada 90-120 minutos durante el ayuno, barriendo restos alimentarios y bacterias. Si este mecanismo está alterado por neuropatía, diabetes, estrés crónico, hipotiroidismo, esclerodermia o como secuela de una gastroenteritis infecciosa las bacterias se estancan y proliferan.

Este es, según múltiples estudios, uno de los factores predictivos más fuertes de SIBO recurrente, y también uno de los más ignorados en la práctica clínica habitual.

3. Insuficiencia de la válvula ileocecal: la puerta trasera está abierta

Esta válvula separa el intestino delgado del grueso e impide el reflujo de bacterias colónicas. Cuando no funciona correctamente por intervenciones quirúrgicas previas, adherencias, inflamación crónica o alteraciones funcionales el intestino grueso, con su enorme carga bacteriana, “contamina” el delgado. Es una puerta trasera abierta que ningún antibiótico puede cerrar.

4. Disbiosis preexistente: el problema viene de más atrás

Si la composición de tu microbiota intestinal ya está desequilibrada antes de que se produzca el sobrecrecimiento, tratar solo el SIBO sin abordar la disbiosis de base es atacar la consecuencia sin tocar la raíz. La permeabilidad intestinal aumentada (intestino permeable) perpetúa un ciclo de inflamación, alteración inmunitaria y recidiva bacteriana que se retroalimenta.

5. Inflamación crónica y estrés oxidativo: el terreno de fondo

La inflamación sostenida altera la función inmunitaria local del intestino delgado, compromete la integridad de la mucosa, reduce la producción de IgA secretora (tu primera línea de defensa inmunitaria intestinal) y crea un entorno que favorece la proliferación bacteriana. El estrés oxidativo celular daña las células de la mucosa intestinal y reduce la capacidad de regeneración del epitelio. Es el terreno de fondo sobre el que todas las demás causas operan.

Conclusión: La mayoría de los tratamientos convencionales para el SIBO se centran en las bacterias (antibiótico) y los síntomas (dieta FODMAP). Ninguno de estos aborda las cinco causas que acabamos de describir. Y por eso el SIBO vuelve.

Qué dice la ciencia sobre el abordaje integral del SIBO

Existe un estudio que merece especial atención porque demuestra exactamente lo que venimos planteando.

El Instituto Valenciano Digestivo (IVADI) publicó en la revista Nutrients un ensayo clínico con 179 pacientes diagnosticados de SIBO. El estudio comparó dos grupos: uno recibió el tratamiento estándar (rifaximina + dieta baja en FODMAPs) y otro recibió un protocolo integral que añadía suplementos herbáceos con capacidad antimicrobiana (aceite de orégano, menta, berberina), probióticos específicos (L. rhamnosus, Bifidum BB47, B. longum), L-glutamina para la reparación de la mucosa y fibra prebiótica.

Los resultados fueron contundentes:

El 72,6% de los pacientes reportaron una mejora clínica relevante de sus síntomas digestivos, incluyendo reducción de hinchazón, gases, dolor abdominal, diarrea y estreñimiento. — Redondo Cuevas, L. et al. Nutrients, 2025

Este dato es significativamente superior al 59-63% de eficacia de la rifaximina en monoterapia que reportan los metaanálisis disponibles.

Pero el hallazgo más revelador fue otro: la mejoría clínica fue muy superior al porcentaje de pacientes que normalizaron su test de aliento. Es decir, muchos pacientes mejoraron sustancialmente aunque su test de gases no se negativizara del todo. Esto confirma algo que los profesionales especializados sabemos desde hace años: lo que importa es cómo se siente el paciente, no solo lo que dice una prueba. Y que el bienestar digestivo depende de mucho más que de la cantidad de bacterias.

El estudio concluyó con tres afirmaciones fundamentales:

“El tratamiento debe ser integral, no solo antibiótico: la combinación de dieta, probióticos y reparación de la barrera intestinal es esencial.” — IVADI, Nutrients, 2025

Esta conclusión conecta directamente con algo que observamos a diario en nuestra clínica de nutrición en Zaragoza: los pacientes que llegan después de múltiples fracasos terapéuticos no solo tienen un intestino dañado, sino también una relación con la comida marcada por el miedo, la restricción y la frustración. Abordar solo la bacteriología sin atender al contexto completo del paciente es condenar al tratamiento al fracaso.

Cómo aborda el Método Redox el SIBO que no responde

En DietaryPlus llevamos más de 20 años tratando pacientes digestivos complejos, muchos de ellos con diagnósticos de SIBO recurrente que han pasado por varios especialistas sin mejoría definitiva. Y lo que hemos aprendido, caso tras caso, es que el SIBO no es una enfermedad aislada: es la manifestación de un sistema digestivo que ha perdido su capacidad de autorregulación.

El Método Redox fue diseñado precisamente para restaurar esa capacidad. Su nombre hace referencia al equilibrio redox celular el balance entre oxidación y reducción que determina la salud de tus células y su aplicación al SIBO se estructura en fases que trabajan simultáneamente sobre los mecanismos que mantienen el sobrecrecimiento.

Fase 1: Evaluación integral del terreno

Antes de decidir qué comer o qué retirar, necesitamos entender por qué tu intestino delgado está permitiendo ese sobrecrecimiento. ¿Tomas inhibidores de bomba de protones? ¿Tienes antecedentes de gastroenteritis infecciosa que pudo dañar el complejo motor migratorio? ¿Hay hipotiroidismo no optimizado? ¿Hay una disbiosis colónica preexistente? ¿Cuál es tu nivel de estrés crónico y cómo afecta a tu motilidad?

Cada una de estas preguntas cambia radicalmente el abordaje nutricional. Y ninguna de ellas se responde con una tabla genérica de FODMAPs.

Fase 2: Intervención dietética estratégica

No hablamos de una dieta baja en FODMAPs genérica sacada de una tabla de internet. Hablamos de un plan alimentario completamente personalizado que cumple varios objetivos simultáneos: reducir transitoriamente la carga fermentativa para aliviar los síntomas agudos, aportar nutrientes específicos para la reparación de la mucosa intestinal (glutamina, zinc, vitamina A, ácidos grasos de cadena corta), incluir alimentos con capacidad antiinflamatoria documentada para reducir la inflamación local que perpetúa el ciclo, y mantener la diversidad nutricional suficiente para no empobrecer aún más la microbiota.

Esto último es crucial: retirar FODMAPs es relativamente fácil. Diseñar una estructura nutricional que alivie síntomas, repare mucosa, reduzca inflamación y proteja la diversidad microbiana al mismo tiempo es otra cosa. Es nutrición clínica avanzada.

Fase 3: Restauración del ecosistema intestinal

Una vez controlada la fase aguda, el objetivo se invierte: ya no se trata de restringir, sino de reconstruir. La reintroducción progresiva y guiada de alimentos fermentables empezando por los mejor tolerados y en cantidades controladas es el proceso mediante el cual tu intestino vuelve a “aprender” a gestionar los sustratos que las bacterias necesitan para mantener un equilibrio saludable.

En paralelo, trabajamos la diversificación de la microbiota a través de alimentos fermentados seleccionados (no todos sirven ni todos se toleran igual), fibras prebióticas específicas introducidas en el momento adecuado y alimentos ricos en polifenoles que modulan la composición bacteriana por vías no relacionadas con la fermentación directa.

Fase 4: El equilibrio redox — lo que sostiene todo lo anterior

El estrés oxidativo daña las células del epitelio intestinal, compromete las uniones estrechas (tight junctions) que mantienen la barrera intestinal sellada, reduce la producción de mucina protectora y altera la señalización inmunitaria local. Si no reduces el estrés oxidativo, la mucosa no se repara completamente, la permeabilidad se mantiene alterada y el SIBO tiene el terreno perfecto para volver.

El Método Redox refuerza los sistemas antioxidantes endógenos del paciente glutatión, superóxido dismutasa, catalasa a través de alimentos ricos en selenio, zinc, vitamina C, vitamina E y precursores de glutatión presentes en crucíferos, frutos rojos y pescado azul.

Todo exclusivamente con alimentos naturales. Sin suplementos, sin productos adicionales. Solo comida real diseñada como herramienta terapéutica. Así funciona el Método Redox.

Lo que debes evitar si tu SIBO no mejora

Tan importante como saber qué hacer es conocer los errores que pueden estar perpetuando tu problema.

Error 1: Repetir ciclos de antibiótico sin investigar la causa. Las guías clínicas son claras: tras el fracaso de dos tratamientos empíricos, debe replantearse el diagnóstico y buscar los factores predisponentes. Sin embargo, en la práctica clínica española es frecuente ver pacientes que han recibido tres, cuatro o cinco tandas de rifaximina sin que nadie haya evaluado su motilidad intestinal, su producción de ácido gástrico o el estado de su válvula ileocecal.

Error 2: Mantener la dieta baja en FODMAPs durante meses o años. La restricción prolongada empobrece tu microbiota, genera ansiedad alimentaria y no trata la causa del sobrecrecimiento. Está diseñada como fase transitoria, no como estilo de vida.

Error 3: Automedicarse con probióticos sin criterio. No todos los probióticos son iguales y no todos son adecuados para el SIBO. Algunas cepas pueden empeorar los síntomas, especialmente en la fase aguda si producen ácido láctico en exceso o si contienen prebióticos no tolerados. La selección de cepas debe ser específica y bajo supervisión profesional.

Error 4: Ignorar los factores extradigestivos. El estrés crónico ralentiza la motilidad intestinal a través del eje intestino-cerebro, reduce la producción de ácido gástrico y altera la respuesta inmunitaria local. La falta de sueño, el sedentarismo y la resistencia a la insulina también afectan directamente a la función digestiva. Un abordaje que solo mira dentro del intestino sin considerar lo que ocurre fuera de él está condenado a ser insuficiente.

Error 5: Cambiar constantemente de profesional sin dar tiempo a un protocolo. Resolver un SIBO complejo no lleva dos semanas. Requiere un proceso estructurado con fases diferenciadas, seguimiento cercano y ajustes progresivos basados en la respuesta individual.

Consejo: Si llevas meses saltando de un profesional a otro sin mejorar, quizá el problema no sea la falta de opciones, sino que ninguna se ha aplicado con la profundidad y el tiempo que tu caso requiere.

Qué resultados se pueden esperar con un abordaje integral

Después de más de dos décadas tratando pacientes con SIBO en DietaryPlus, hemos observado patrones de respuesta consistentes que merece la pena describir con transparencia.

Primeras 2 semanas: La primera mejoría que los pacientes suelen notar es la reducción de la distensión abdominal y los gases. Esto se debe a la modificación de la carga fermentativa de la dieta y a la reducción de alimentos específicos que en ese paciente concreto están generando mayor producción de gas.

Semanas 3-6: Los pacientes reportan habitualmente mejora en la consistencia de las heces, reducción del dolor abdominal postprandial, menos episodios de diarrea o estreñimiento y una sensación general de menos inflamación. Los que llegan con fatiga asociada al SIBO suelen notar un incremento de energía, a medida que la absorción de nutrientes mejora.

Meses 2-4: Se consolida la fase de reconstrucción: la tolerancia alimentaria se amplía progresivamente, la diversidad de la dieta aumenta sin que vuelvan los síntomas y la estabilidad digestiva se convierte en la norma.

Lo que nuestros pacientes dicen: “Es la primera vez en años que puedo comer sin miedo.” Esa frase se repite constantemente en esta fase. Puedes ver más experiencias en nuestras opiniones verificadas de pacientes.

Es importante ser honestos: no todos los pacientes responden igual ni al mismo ritmo. El tipo de SIBO (hidrógeno vs metano), la antigüedad del problema, la presencia de factores anatómicos no modificables, el uso prolongado de medicación y el grado de daño acumulado en la mucosa intestinal influyen en el pronóstico. Los casos más complejos pueden requerir seis meses o más de trabajo.

Pero lo que confirma tanto nuestra experiencia como la evidencia publicada incluido el estudio de IVADI en Nutrients es que el abordaje integral produce una mejora sostenida en la calidad de vida de la mayoría de los pacientes, y que esa mejora va más allá de la normalización de los gases en el test de aliento.

Preguntas frecuentes sobre el SIBO

¿Se puede curar el SIBO definitivamente?

Sí, pero la palabra “curar” requiere un matiz importante. El SIBO se resuelve cuando se eliminan las bacterias sobrantes Y se corrigen los factores que permitieron su proliferación. Si solo haces lo primero (antibiótico) sin lo segundo (corregir motilidad, acidez gástrica, barrera intestinal, inflamación), la recurrencia es la norma, no la excepción. El Método Redox trabaja sobre ambos niveles para conseguir una resolución que se mantenga en el tiempo.

¿Cuánto tiempo se tarda en notar mejoría?

La mayoría de nuestros pacientes notan una reducción significativa de la hinchazón y los gases en las dos primeras semanas. La mejoría más profunda estabilización de las heces, aumento de energía, ampliación de la tolerancia alimentaria se consolida habitualmente entre el segundo y el cuarto mes.

¿El tratamiento nutricional sustituye al antibiótico?

No necesariamente. Si tu médico prescribe rifaximina u otro antibiótico, el abordaje nutricional del Método Redox es perfectamente compatible y, de hecho, potencia su eficacia al crear el entorno intestinal que permite que el antibiótico funcione mejor y que los resultados se mantengan. Lo que no hacemos es depender exclusivamente del antibiótico sin abordar todo lo demás.

¿Puedo seguir el Método Redox desde fuera de Zaragoza?

Sí. Atendemos pacientes con SIBO de toda España mediante consulta online con el mismo nivel de personalización y seguimiento que la consulta presencial. De hecho, una parte significativa de nuestros pacientes con problemas digestivos complejos nos consultan desde otras ciudades precisamente porque no encuentran este tipo de abordaje especializado en su zona. Puedes ver cómo trabajamos en nuestra clínica del barrio Actur y consultar la evidencia científica que respalda el Método Redox.

¿Qué diferencia al Método Redox de otros nutricionistas que tratan SIBO?

La diferencia fundamental es que no tratamos el SIBO como un problema aislado de “bacterias en el sitio equivocado”. Lo abordamos como la manifestación de un desequilibrio sistémico que incluye la función gástrica, la motilidad intestinal, la integridad de la mucosa, el estado oxidativo celular y la composición global de la microbiota. Trabajamos exclusivamente con alimentos naturales, diseñando planes terapéuticos individualizados que actúan sobre las causas, no solo sobre los síntomas. Conoce los 7 beneficios comprobados del Método Redox para entender la profundidad del enfoque.

Tu intestino no necesita otra dieta de restricción. Necesita que alguien entienda por qué no funciona.

Si has llegado hasta aquí, probablemente llevas meses o años en un ciclo que ya conoces de memoria: antibiótico, mejora temporal, recaída, nueva restricción dietética, más frustración. Y cada vez que vuelves a empezar, la confianza en que esto tiene solución se reduce un poco más.

La tiene.

El SIBO recurrente no es una sentencia. Es la señal de que el abordaje ha sido parcial.

Y cuando se completa cuando se trabaja simultáneamente sobre las bacterias, la causa del sobrecrecimiento, la integridad de la mucosa, el equilibrio de la microbiota y el estado oxidativo del intestino los resultados son otra cosa.

En DietaryPlus llevamos más de dos décadas ayudando a personas exactamente en tu situación. Nuestro equipo de nutricionistas colegiados, formados en el Método Redox, trabaja cada día con pacientes que ya han probado “todo” y necesitan algo diferente. Con más de 150 reseñas en Google y una valoración de 4.9 estrellas, nuestros resultados hablan por sí solos.

Si quieres dar el primer paso, puedes pedir tu cita llamando al 900 823 935 o escribirnos por WhatsApp al 876 70 93 61. La primera consulta tiene un coste de 49€. Atendemos de forma presencial en nuestra clínica de Zaragoza (C/ Pablo Casals 16, barrio Actur) y mediante consulta online para toda España.

Porque tu intestino no necesita otra tabla de alimentos prohibidos. Necesita un profesional que entienda lo que está pasando y sepa cómo arreglarlo.


Artículo elaborado por el equipo clínico de DietaryPlus, clínica de nutrición especializada en casos complejos. Reconocida como clínica de nutrición más innovadora de España 2025.


Referencias científicas

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  3. Redondo Cuevas, L. et al. (2024). “Do herbal supplements and probiotics complement antibiotics and diet in the management of SIBO? A randomized clinical trial.” Nutrients, 16, 1083.
  4. Redondo Cuevas, L. et al. (2025). “Should We Treat SIBO Patients? Impact on Quality of Life.” Nutrients, 17, 1251.
  5. Sobrecrecimiento bacteriano intestinal: Mitos y realidades. (2025). Atención Primaria / PMC.
  6. Quigley, E. M. M., Murray, J. A., Pimentel, M. (2020). “AGA Clinical Practice Update on Small Intestinal Bacterial Overgrowth: Expert Review.” Gastroenterology, 159, 1526-1532.
  7. Kashyap, P., Moayyedi, P., Quigley, E. M. M., Simrén, M., Vanner, S. (2024). “Critical appraisal of the SIBO hypothesis and breath testing.” Neurogastroenterology & Motility, 36, e14817.
  8. Ginnebaugh, B., Chey, W. D., Saad, R. (2020). “Small Intestinal Bacterial Overgrowth: How to Diagnose and Treat (and Then Treat Again).” Gastroenterology Clinics of North America, 49(3), 571-587.
  9. Zhong, C. et al. (2017). “Probiotics for Preventing and Treating Small Intestinal Bacterial Overgrowth: A Meta-Analysis.” Journal of Clinical Gastroenterology, 51, 300-311.
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