Te dicen que tienes resistencia a la insulina. Quizás lo has leído en una analítica, o un médico te lo ha mencionado como algo a vigilar. Te recomiendan “comer menos carbohidratos” y hacer más ejercicio. Lo intentas, y el peso baja despacio o directamente no baja. La barriga sigue ahí. La energía sigue siendo baja. La ansiedad por el dulce vuelve a las pocas horas de comer.
¿Te suena?
El problema no es tu fuerza de voluntad. El problema es que el enfoque que te han dado es incompleto. La resistencia a la insulina no es simplemente “comer demasiados carbohidratos”. Es una disfunción metabólica profunda con causas bioquímicas específicas, y tratarla con consejos genéricos es como intentar apagar un incendio con un vaso de agua.
En este artículo vamos a explicarte qué es realmente la resistencia a la insulina, por qué se produce, qué está ocurriendo en tus células cuando la tienes, y cómo el Método Redox aborda este problema desde la bioquímica real, no desde las calorías.
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¿Qué es la resistencia a la insulina? (Explicado sin jerga médica)
La insulina es una hormona producida por el páncreas cuya función principal es actuar como una “llave” que permite que la glucosa entre en las células para ser usada como combustible. Cuando comes carbohidratos, tu glucosa en sangre sube, el páncreas secreta insulina, y esa insulina “abre las puertas” de las células para que la glucosa entre y sea utilizada como energía.
El problema surge cuando esas puertas empiezan a no responder bien a la llave.
Imagina que llevas años usando la misma cerradura y esta se va desgastando. Necesitas más fuerza para abrir la misma puerta. Eso es exactamente lo que ocurre en la resistencia a la insulina: las células musculares, hepáticas y adiposas se vuelven progresivamente menos sensibles a la señal de la insulina. El páncreas, para compensar, produce más insulina. Y más. Hasta que los niveles de insulina en sangre se mantienen crónicamente elevados, un estado conocido como hiperinsulinemia.
Este estado de hiperinsulinemia crónica es el que genera la mayor parte de los síntomas y consecuencias metabólicas de la resistencia a la insulina.
La Organización Mundial de la Salud estima que más del 40 % de la población adulta occidental presenta algún grado de resistencia a la insulina, aunque la mayoría no lo sabe porque no genera síntomas agudos durante años. Es un problema silencioso con consecuencias a largo plazo devastadoras si no se aborda.
Síntomas de la resistencia a la insulina: las señales que tu cuerpo te está enviando
La resistencia a la insulina raramente duele. Por eso se suele ignorar hasta que evoluciona hacia prediabetes o diabetes tipo 2. Pero si sabes qué buscar, el cuerpo lleva años enviando señales claras:
Acumulación de grasa abdominal. La hiperinsulinemia favorece específicamente el depósito de grasa en la zona visceral, alrededor de los órganos internos. Este tipo de grasa, la más peligrosa metabólicamente, es también la más resistente a dietas convencionales.
Energía baja y somnolencia postprandial. Cuando las células no responden bien a la insulina, la glucosa no entra eficientemente y las células “tienen hambre de energía” aunque la glucosa esté disponible en sangre. El resultado es fatiga y bajón de energía después de las comidas, especialmente las ricas en carbohidratos.

Ansiedad intensa por el dulce o los carbohidratos. Los picos y caídas de glucosa asociados a la hiperinsulinemia generan una montaña rusa metabólica que se traduce en ansiedad por comer carbohidratos pocas horas después de haberlos tomado. No es falta de voluntad: es una respuesta fisiológica.
Dificultad para perder peso a pesar de comer poco. La insulina es la principal hormona anabólica del organismo: en presencia de insulina alta, el cuerpo está en modo “almacenamiento”. Movilizar grasa en un estado de hiperinsulinemia es enormemente difícil, lo que explica por qué las dietas hipocalóricas con muchos carbohidratos no funcionan en personas con resistencia a la insulina.
Niebla mental. El cerebro también depende de la glucosa como combustible. Las fluctuaciones glucémicas generan episodios de dificultad de concentración, olvidos frecuentes y sensación de “niebla”.
Acanthosis nigricans. Oscurecimiento de la piel en pliegues (cuello, axilas, ingles). Es una señal cutánea clásica de hiperinsulinemia, provocada por el efecto estimulante de la insulina sobre los queratinocitos.
Síndrome de ovario poliquístico (en mujeres). La resistencia a la insulina es uno de los principales mecanismos implicados en el SOP, que afecta al 5-15 % de las mujeres en edad fértil.
Si reconoces tres o más de estos síntomas, la evaluación de tu resistencia a la insulina debería ser una prioridad.
¿Por qué se desarrolla la resistencia a la insulina? (No es solo por los carbohidratos).
Aquí es donde el enfoque convencional simplifica en exceso. La resistencia a la insulina no es solo consecuencia de “comer muchos carbohidratos”. Es el resultado de la convergencia de varios factores bioquímicos que se potencian mutuamente:
Inflamación crónica de bajo grado
La inflamación sistémica bloquea directamente la señalización de la insulina. Las citocinas proinflamatorias como el TNF-α y la IL-6 interfieren con la cascada de señalización intracelular de la insulina, reduciendo la expresión del transportador GLUT4 (la “puerta” que permite la entrada de glucosa en las células musculares).
Una dieta rica en ultraprocesados, aceites refinados omega-6 y azúcares añadidos genera esta inflamación crónica. Pero también la generan el estrés crónico, la privación del sueño, la disbiosis intestinal y la exposición a contaminantes ambientales. Por eso la resistencia a la insulina no se resuelve solo reduciendo carbohidratos: hay que actuar sobre la inflamación desde múltiples frentes.
Disfunción mitocondrial
Las mitocondrias son las responsables de metabolizar los ácidos grasos y la glucosa para producir energía. Cuando su función se deteriora por el estrés oxidativo crónico, se acumulan lípidos intermedios (ceramidas, diacilgliceroles) en el interior de las células musculares que bloquean directamente la señalización de la insulina.
Este es uno de los mecanismos por los que la resistencia a la insulina muscular y la disfunción mitocondrial se retroalimentan: más resistencia a la insulina genera más disfunción mitocondrial, que genera más resistencia a la insulina.
Disbiosis intestinal
El microbioma intestinal es hoy reconocido como un regulador clave del metabolismo de la glucosa. Ciertas cepas bacterianas producen ácidos grasos de cadena corta (especialmente el butirato) que mejoran la sensibilidad a la insulina a través de múltiples mecanismos: reducen la inflamación intestinal, modulan la secreción de GLP-1 (una hormona incretina que potencia la respuesta insulínica) y refuerzan la barrera intestinal.
Estudios en trasplante de microbiota han demostrado que la microbiota de personas con resistencia a la insulina puede transferir ese fenotipo metabólico a receptores sanos, confirmando el papel causal del intestino en este problema.
Una microbiota desequilibrada genera lipopolisacáridos bacterianos (LPS) que, al pasar al torrente sanguíneo a través de un intestino permeable, activan una respuesta inflamatoria que perpetúa la resistencia a la insulina.
Estrés crónico e hipercortisolemia
El cortisol, la principal hormona del estrés, tiene efectos antagonistas directos sobre la insulina: aumenta la producción hepática de glucosa (gluconeogénesis), inhibe la captación muscular de glucosa y promueve la lipólisis visceral. Un estado de estrés crónico es, por tanto, un estado de resistencia a la insulina inducida farmacológicamente por tus propias hormonas.
Este mecanismo explica por qué personas que “hacen todo bien” en términos dietéticos pero viven bajo estrés crónico no consiguen mejorar su sensibilidad a la insulina.
Por qué “comer menos carbohidratos” no es suficiente
El enfoque low-carb o cetogénico para la resistencia a la insulina tiene una base científica sólida: al reducir la carga glucémica, se reduce el estímulo para la secreción de insulina y la hiperinsulinemia mejora. Esto es real y funciona, en muchos pacientes, durante un tiempo.
El problema es que no aborda las causas subyacentes. Si la resistencia a la insulina está siendo perpetuada por la inflamación crónica, la disbiosis intestinal, el estrés oxidativo o el estrés psicológico, reducir carbohidratos alivia la presión sobre el sistema, pero no lo repara.
Es la diferencia entre quitar el pie del acelerador de un coche con el motor averiado y realmente reparar el motor.
Además, las dietas muy restrictivas generan otros problemas: pueden aumentar el cortisol (lo que, como hemos visto, empeora la resistencia a la insulina), reducen la diversidad de la microbiota intestinal si se eliminan demasiados alimentos, y son difíciles de mantener a largo plazo, generando el efecto rebote clásico.
El Método Redox no prohíbe carbohidratos. Los selecciona, los combina y los distribuye estratégicamente para modular la respuesta insulínica sin generar los efectos negativos de las restricciones extremas. La diferencia entre un plan nutricional que funciona a largo plazo y uno que fracasa no está en lo que prohíbe, sino en lo que corrige.
Cómo actúa el Método Redox sobre la resistencia a la insulina
El protocolo que aplicamos en DietaryPlus para la resistencia a la insulina actúa de forma simultánea sobre los cuatro mecanismos que hemos descrito. Aquí explicamos la lógica de cada línea de actuación.
Modulación de la respuesta glucémica e insulínica
La primera prioridad es reducir la hiperinsulinemia sin recurrir a restricciones extremas. Esto se consigue a través de tres estrategias combinadas.
La selección de carbohidratos de bajo índice glucémico e insulinémico: no todos los carbohidratos generan la misma respuesta insulínica. Los carbohidratos integrales, los tubérculos cocidos y enfriados (que tienen mayor contenido en almidón resistente), las legumbres y determinadas frutas generan respuestas mucho más moderadas que el arroz blanco, el pan convencional o los ultraprocesados.
La combinación estratégica de macronutrientes: consumir carbohidratos siempre acompañados de proteína y grasa de calidad ralentiza la absorción de glucosa y reduce significativamente el pico insulínico postprandial. Este principio, tan simple como potente, es ignorado sistemáticamente en los consejos nutricionales genéricos.
El timing nutricional: cuándo comes importa tanto como qué comes. La sensibilidad a la insulina es mayor por la mañana y disminuye hacia la tarde-noche. Concentrar la mayor carga glucémica en las primeras horas del día y reducirla en la cena es una estrategia respaldada por investigaciones en cronobiología nutricional con resultados clínicos relevantes.
Reducción de la inflamación sistémica
Actuamos sobre la inflamación que bloquea la señalización de la insulina mediante la incorporación de alimentos con alta densidad de compuestos antiinflamatorios: ácidos grasos omega-3 de fuentes marinas, polifenoles de frutas del bosque, verduras crucíferas, ajo, cúrcuma con piperina y aceite de oliva virgen extra.
Al mismo tiempo, identificamos y limitamos los alimentos que en ese paciente concreto están generando mayor carga inflamatoria. Este paso personalizado es fundamental: los mismos alimentos no generan la misma respuesta inflamatoria en personas diferentes.
Si el paciente también tiene síntomas digestivos o ha sido diagnosticado de SIBO u otras alteraciones digestivas, la presencia de permeabilidad intestinal es probable y su tratamiento nutricional se integra en el protocolo.
Soporte antioxidante y restauración mitocondrial
Para romper el ciclo de estrés oxidativo y disfunción mitocondrial que perpetúa la resistencia a la insulina, incorporamos estratégicamente alimentos ricos en los precursores de los sistemas antioxidantes endógenos: azufrados como el ajo, el puerro y la cebolla (precursores de glutatión), alimentos ricos en zinc, selenio y manganeso (cofactores de la superóxido dismutasa), y fuentes de vitaminas liposolubles con actividad antioxidante.
Este es el aspecto más diferencial del Método Redox frente a los enfoques nutricionales convencionales. La mayoría de las dietas para resistencia a la insulina no contemplan el soporte mitocondrial. Sin él, la recuperación es más lenta y menos duradera.
Restauración del microbioma intestinal
La cuarta línea de actuación es la restauración de un ecosistema bacteriano intestinal que favorezca la sensibilidad a la insulina. Esto implica la incorporación progresiva de fibras prebióticas que alimentan específicamente a las bacterias productoras de butirato, la inclusión de alimentos fermentados para aumentar la diversidad bacteriana, y la identificación y reducción de alimentos que en ese paciente están favoreciendo el crecimiento de cepas proinflamatorias.
Si tienes curiosidad sobre cómo la nutrición actúa sobre el microbioma intestinal, puedes profundizar en nuestro artículo sobre cómo solucionar el estreñimiento y la salud digestiva.
La resistencia a la insulina y el peso: por qué la báscula te engaña
Uno de los malentendidos más frecuentes en la resistencia a la insulina es identificar el problema exclusivamente con el sobrepeso. Hay personas con normopeso que tienen resistencia a la insulina (el llamado “obeso metabólico delgado”) y personas con sobrepeso que mejoran su sensibilidad insulínica sin perder apenas peso en báscula.
El número de la báscula es una medida muy imprecisa de la salud metabólica. Lo que importa es la composición corporal: la proporción de grasa visceral (la metabólicamente activa), la masa muscular (el principal tejido que capta glucosa) y el grado de inflamación sistémica.
Una persona que gana 2 kg de músculo y pierde 4 kg de grasa visceral ha mejorado enormemente su sensibilidad a la insulina aunque en báscula solo haya bajado 2 kg. Sin las herramientas de medición adecuadas (bioimpedancia, circunferencia abdominal, analítica específica), este progreso real puede quedar invisible.
En DietaryPlus realizamos una evaluación de composición corporal completa al inicio del tratamiento y en cada seguimiento, para que puedas ver el progreso real más allá del número de la báscula.
Esta misma lógica se aplica a los pacientes que toman medicación psiquiátrica y tienen resistencia a la insulina asociada. Si es tu caso, te recomendamos leer nuestro artículo sobre antidepresivos y aumento de peso, donde explicamos la relación entre psicofármacos, metabolismo y bioquímica del peso.
Qué comer (y qué limitar) con resistencia a la insulina: guía práctica
Esto es lo que la evidencia científica y nuestra experiencia clínica señalan como las prioridades nutricionales más relevantes en la resistencia a la insulina.
Prioriza estos alimentos:
Las verduras no feculentas (hoja verde, crucíferas, alliums) deben ser la base de cada comida. Son ricas en fibra, polifenoles y compuestos antiinflamatorios, con una carga glucémica mínima.
Las proteínas de calidad en cada comida (huevos, pescado azul, legumbres, aves de corral) modulan la respuesta insulínica postprandial y preservan la masa muscular, el tejido que más glucosa consume.
Las grasas saludables (aceite de oliva virgen extra, aguacate, frutos secos, pescado azul) ralentizan la absorción de glucosa y tienen efectos antiinflamatorios directos.
Los carbohidratos integrales y de carga glucémica baja (legumbres, avena, boniato, frutas de bajo índice glucémico) aportan energía de liberación sostenida sin los picos insulínicos de los carbohidratos refinados.
Los alimentos fermentados (yogur sin azúcar, kéfir, chucrut, kimchi) contribuyen a restaurar la diversidad de la microbiota intestinal.
Limita de forma prioritaria:
Los azúcares añadidos y edulcorantes de alto índice glucémico generan picos insulínicos inmediatos y promueven la lipogénesis hepática (producción de grasa en el hígado).
Los cereales refinados (pan blanco, arroz blanco, pasta convencional) tienen una respuesta glucémica casi idéntica al azúcar en muchos pacientes con resistencia a la insulina.
Los ultraprocesados combinan azúcares, harinas refinadas, aceites omega-6 y aditivos que actúan sobre múltiples mecanismos de la resistencia a la insulina simultáneamente.
El alcohol, especialmente en ayunas o entre comidas, genera hipoglucemia reactiva y promueve la resistencia hepática a la insulina.
Resultados clínicos: qué puedes esperar
Los pacientes con resistencia a la insulina que siguen el Método Redox de forma consistente observan de forma habitual una reducción progresiva de la grasa visceral abdominal, normalización de los valores de insulina en ayunas y del índice HOMA-IR en las analíticas de seguimiento, reducción de la ansiedad por el dulce y los carbohidratos (frecuentemente desde las primeras semanas), mejora sostenida de la energía y eliminación de los bajones postprandiales, y en pacientes con prediabetes, normalización de la glucosa en ayunas sin medicación.
Los primeros cambios funcionales (más energía, menos ansiedad por el dulce, menos hinchazón abdominal) suelen aparecer en las 2-3 primeras semanas. Los cambios metabólicos medibles en analítica se producen generalmente entre el segundo y el cuarto mes.
Preguntas frecuentes sobre resistencia a la insulina y dieta
¿La resistencia a la insulina tiene cura? La resistencia a la insulina es reversible en la mayoría de los casos cuando se aborda de forma adecuada y sostenida. Con el protocolo correcto, muchos pacientes consiguen normalizar su sensibilidad insulínica y mantener esa mejora a largo plazo. Cuanto antes se aborde, mejores resultados.
¿Debo eliminar todos los carbohidratos? No. Una dieta excesivamente restrictiva en carbohidratos puede mejorar la glucemia a corto plazo pero generar otros problemas (déficit de fibra, pérdida de diversidad del microbioma, aumento del cortisol) que a medio plazo contrarrestan los beneficios. La clave está en la selección y la estrategia, no en la eliminación.
¿Puedo mejorar la resistencia a la insulina sin hacer ejercicio? El ejercicio, especialmente el entrenamiento de fuerza, mejora la sensibilidad a la insulina muscular de forma significativa. Pero el protocolo nutricional puede producir mejoras relevantes incluso sin ejercicio intenso. Cuando el paciente recupera energía, la actividad física se incorpora de forma progresiva.
¿La resistencia a la insulina está relacionada con la fibromialgia o el dolor crónico? Existe evidencia de que la hiperinsulinemia y la inflamación asociada pueden contribuir a la sensibilización central al dolor. Si tienes resistencia a la insulina y también síntomas de dolor crónico o fatiga, te recomendamos leer nuestro artículo sobre nutricionista para fibromialgia en Zaragoza.
El siguiente paso: una evaluación real de tu metabolismo
Si tienes resistencia a la insulina y llevas tiempo sin encontrar un abordaje que funcione de verdad, en DietaryPlus podemos ayudarte.
Nuestro equipo de nutricionistas colegiados, especializados en el Método Redox, lleva más de 20 años tratando alteraciones metabólicas complejas con resultados documentados. Puedes consultar nuestra evidencia científica y casos clínicos reales en nuestra web.
Atendemos en Zaragoza (C/ Pablo Casals 16, Actur) y online para toda España. La primera consulta incluye una evaluación metabólica completa y un plan de actuación claro y personalizado.
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Referencias científicas
- Hiperinsulinemia: causas y consecuencias (NCBI)
- OMS: Diabetes y resistencia insulínica
- Inflamación y señalización de insulina (NCBI)
- Disfunción mitocondrial y resistencia a la insulina (PubMed)
- Microbiota intestinal y sensibilidad insulínica (NEJM)
- SOP y resistencia a la insulina (NCBI)
- Cronobiología nutricional y metabolismo glucídico (NCBI)
- Cortisol y resistencia a la insulina: mecanismos
Artículo elaborado por el equipo clínico de DietaryPlus · Clínica de Nutrición especializada en casos complejos · Método Redox · C/ Pablo Casals 16, Actur, Zaragoza · Teléfono: 900 823 935