Comes verdura, evitas los ultraprocesados, cocinas en casa, puede que incluso hagas ejercicio tres o cuatro veces por semana. Y aun así, cada vez que te subes a la báscula, el número no se mueve. O peor: sube.
Si esto te resulta familiar, lo primero que necesitas escuchar es que no estás haciendo nada mal. Lo segundo es que la explicación que probablemente te han dado “come menos y muévete más” es, en la mayoría de los casos, insuficiente. Y a veces, directamente equivocada.
La ciencia lleva más de una década acumulando evidencia de que la pérdida de peso no depende únicamente de las calorías que entran y las que salen. Hay mecanismos biológicos profundos metabólicos, hormonales, inflamatorios, incluso bacterianos que pueden bloquear la pérdida de grasa aunque tu dieta sea objetivamente buena. Y lo frustrante es que la mayoría de estos mecanismos rara vez se investigan en una consulta médica convencional.
Este artículo va a explicarte siete de esas causas. No son teorías ni suposiciones: son mecanismos documentados en revistas científicas de primer nivel. Cuando termines de leerlo, vas a entender por qué tu cuerpo se resiste a adelgazar y, sobre todo, qué se puede hacer al respecto.
El error de base: pensar que todo es cuestión de calorías
Antes de entrar en las siete causas, conviene desmontar el mito que las sostiene todas: la idea de que adelgazar es simplemente una cuestión de “gastar más de lo que ingieres”.
Sí, el balance energético existe. Pero tu cuerpo no es una calculadora. Es un sistema biológico extraordinariamente complejo que regula el peso a través de hormonas, neurotransmisores, señales inflamatorias, bacterias intestinales y procesos celulares que interactúan entre sí de formas que una simple resta de calorías no puede capturar.
Cuando restringes calorías de forma prolongada, tu metabolismo no se queda quieto: se adapta. Reduce el gasto energético basal, aumenta las hormonas del hambre, disminuye la termogénesis y modifica la eficiencia con la que extraes energía de los alimentos. Esto es lo que los endocrinólogos llaman “adaptación metabólica” y es la razón por la que el 95% de las dietas fracasan a largo plazo.
Lo que la evidencia dice: Un artículo publicado en el New England Journal of Medicine demostró que, incluso un año después de perder peso con dieta, los niveles de hormonas del hambre (grelina, péptido YY, leptina) seguían alterados, empujando al organismo a recuperar el peso perdido.
Esto no significa que la alimentación no importe. Significa que importa cómo comes, no solo cuánto. Y que cuando comes bien y no adelgazas, el problema casi nunca está en tu plato. Está en tu biología.
Causa 1: Inflamación crónica de bajo grado, el incendio silencioso que bloquea tu metabolismo
Esta es probablemente la causa más ignorada y, al mismo tiempo, la más determinante.
La inflamación aguda es algo que todos conocemos: te cortas un dedo, se hincha, se pone rojo, duele y se cura. Eso es inflamación útil. Pero existe otro tipo de inflamación completamente diferente: una inflamación de baja intensidad, sin síntomas visibles, que se instala de forma crónica en tu organismo y altera prácticamente todos los procesos metabólicos.
En las personas con sobrepeso resistente, el propio tejido adiposo se convierte en una fábrica de moléculas inflamatorias. Cuando los adipocitos (las células que almacenan grasa) se llenan en exceso, sufren lo que los investigadores llaman “estrés celular”: les falta oxígeno, acumulan radicales libres y empiezan a liberar citoquinas proinflamatorias como el TNF-α, la interleuquina 6 y la proteína C reactiva.
Lo que ocurre a nivel celular: El tejido adiposo de las personas obesas muestra una infiltración masiva de macrófagos (células inmunitarias) que perpetúan un estado inflamatorio crónico. Este proceso, denominado “metainflamación”, está directamente vinculado al desarrollo de resistencia a la insulina. — Revista Cubana de Endocrinología, 2018
¿Y por qué esto impide que adelgaces? Porque la inflamación crónica interfiere con la señalización de la insulina, altera las hormonas que regulan el apetito y la saciedad, reduce la capacidad de tus mitocondrias para quemar grasa y promueve el almacenamiento de grasa visceral (la más peligrosa, la que rodea tus órganos).
Es un círculo vicioso: la grasa genera inflamación, y la inflamación genera más grasa. Y ninguna dieta convencional rompe ese ciclo porque ninguna actúa sobre la inflamación a nivel celular.
El Método Redox fue diseñado precisamente para abordar este mecanismo. A través de una alimentación antiinflamatoria y antioxidante personalizada, trabajamos para reducir las citoquinas proinflamatorias, restaurar la función mitocondrial y romper el ciclo inflamación-grasa-inflamación que mantiene el peso estancado. Sin suplementos, sin productos adicionales: solo nutrición clínica basada en evidencia.
Causa 2: Resistencia a la insulina, tu cuerpo está en “modo almacenamiento”
Puede que hayas oído hablar de la insulina en el contexto de la diabetes, pero su papel en la pérdida de peso va mucho más allá.
La insulina es la hormona que permite que la glucosa (el azúcar de la sangre) entre en tus células para ser utilizada como energía. En condiciones normales, comes, sube la glucosa, el páncreas libera insulina, las células captan la glucosa y todo funciona bien.
Pero cuando tus células llevan tiempo recibiendo demasiada glucosa (por una dieta rica en azúcares refinados, harinas blancas y ultraprocesados), empiezan a “desensibilizarse” a la insulina. Ya no responden bien a su señal. El páncreas, ante esta resistencia, responde produciendo más insulina para compensar. Y aquí está el problema: la insulina elevada de forma crónica es una señal directa para tu cuerpo de que debe almacenar grasa y no liberarla.
Dato clave: La resistencia a la insulina no es solo un precursor de la diabetes tipo 2. Es un bloqueo metabólico que impide activamente la quema de grasa, incluso cuando estás en déficit calórico.
Los síntomas de resistencia a la insulina son sutiles y muchas veces se confunden con otros problemas: antojos constantes de dulce, fatiga después de comer, acumulación de grasa abdominal, dificultad para perder peso pese a comer poco e incluso oscurecimiento de la piel en cuello y axilas (acantosis nigricans).
Lo preocupante es que puedes tener resistencia a la insulina durante años antes de que aparezca en una analítica convencional, porque las pruebas estándar de glucosa en ayunas solo detectan el problema cuando ya está muy avanzado. Para ese momento, tu metabolismo lleva tiempo bloqueado.
Si este tema te preocupa, hemos escrito un artículo completo sobre cómo la alimentación puede ayudarte a revertir la resistencia a la insulina con estrategias nutricionales concretas.
Causa 3: Disbiosis intestinal, tus bacterias están decidiendo cuánto pesas
Esta es una de las áreas de investigación más fascinantes de la última década, y sus implicaciones son enormes.
Tu intestino alberga billones de microorganismos, bacterias, hongos, virus que forman lo que llamamos microbiota intestinal. Este ecosistema no es un simple pasajero: participa activamente en la digestión, la producción de vitaminas, la regulación del sistema inmunitario y, como ahora sabemos, en la regulación del peso corporal.
Un estudio pionero del investigador Peter Turnbaugh, publicado en la revista Nature, demostró algo que cambió nuestra comprensión de la obesidad: cuando trasplantaban la microbiota intestinal de un ratón obeso a un ratón delgado libre de gérmenes, el ratón delgado engordaba, aunque comiera exactamente lo mismo que antes.
Hallazgo clave del Cedars-Sinai (2024): El primer estudio exhaustivo del microbioma del intestino delgado en humanos con diferentes pesos corporales encontró que las personas con sobrepeso y obesidad presentan un perfil bacteriano significativamente diferente al de las personas con peso normal, con mayor abundancia de microorganismos asociados a una mayor extracción de energía de los alimentos.
¿Qué significa esto en la práctica? Que dos personas pueden comer exactamente la misma ensalada y extraer cantidades diferentes de calorías de ella, dependiendo de qué bacterias habiten su intestino. Que una microbiota desequilibrada (lo que los científicos llaman “disbiosis”) puede aumentar la permeabilidad intestinal, generar inflamación sistémica, alterar las hormonas del hambre y promover el almacenamiento de grasa.
La disbiosis intestinal no solo afecta al peso: también está detrás de problemas digestivos como el SIBO (sobrecrecimiento bacteriano), la hinchazón crónica, la intolerancia a ciertos alimentos y la fatiga persistente. Si sufres alguno de estos síntomas junto con dificultad para perder peso, la conexión intestinal es algo que merece investigarse a fondo.
En nuestra clínica, la restauración de la microbiota es uno de los pilares del Método Redox. No con probióticos genéricos, sino con una estrategia nutricional que incluye alimentos ricos en butirato y fibras prebióticas específicas que alimentan a las bacterias beneficiosas y reducen las que promueven la inflamación y el almacenamiento de grasa.
Causa 4: Resistencia a la leptina, tu cerebro no escucha la señal de “ya tengo suficiente grasa”
La leptina es una hormona que deberías conocer si llevas tiempo luchando con el peso. Se produce en el tejido adiposo y su función principal es decirle a tu cerebro: “tenemos suficiente grasa almacenada, puedes reducir el apetito y aumentar el gasto energético”.
En teoría, cuanta más grasa tienes, más leptina produces, y más debería reducirse tu apetito. Pero en la práctica, algo se rompe.
Las personas con sobrepeso crónico suelen tener niveles de leptina muy elevados en sangre. Sin embargo, su cerebro no responde a esa señal. Es como si tuvieras un termostato que dice 40°C pero el aire acondicionado no se enciende. Tu cuerpo está gritando “sobra grasa” pero tu hipotálamo no lo oye. Esto es la resistencia a la leptina.
Lo que dice la ciencia: Un estudio clásico de Caro y colaboradores demostró que, aunque las personas obesas tenían niveles de leptina en sangre un 318% superiores a las personas delgadas, la concentración en el líquido cefalorraquídeo (donde actúa) era solo un 30% mayor. Esto indica que el sistema de transporte de la leptina al cerebro se satura, generando resistencia. — Gaceta Médica Boliviana
Las consecuencias son devastadoras para la pérdida de peso: hambre constante que no se sacia con nada, metabolismo ralentizado, tendencia a recuperar el peso perdido, y una sensación de que tu cuerpo “quiere” estar gordo. No es falta de voluntad: es una disfunción hormonal real que necesita un abordaje específico.
¿Qué provoca la resistencia a la leptina? La inflamación crónica (vuelve la causa número 1), los niveles elevados de proteína C reactiva (que se une a la leptina e impide que funcione), las dietas yo-yo repetidas, el estrés crónico y una alimentación rica en grasas saturadas y azúcares refinados.
La buena noticia: la resistencia a la leptina es reversible. Pero no se corrige comiendo menos. Se corrige reduciendo la inflamación, restaurando la señalización hormonal y optimizando la función celular con una nutrición diseñada específicamente para ese objetivo.
Causa 5: Estrés oxidativo celular, tus células están “oxidadas” y no pueden quemar grasa
Imagina que tus células son motores. Para funcionar, necesitan quemar combustible (los nutrientes que comes) y producir energía. Ese proceso ocurre en las mitocondrias, unas estructuras diminutas dentro de cada célula que son, literalmente, las centrales energéticas de tu cuerpo.
El problema es que ese proceso de producción de energía genera subproductos tóxicos: los radicales libres. En condiciones normales, tu cuerpo los neutraliza con sus propios sistemas antioxidantes (glutatión, superóxido dismutasa, catalasa). Pero cuando la producción de radicales libres supera la capacidad antioxidante del organismo, se produce lo que llamamos estrés oxidativo.
Dato que pocos conocen: Las personas con obesidad presentan niveles de estrés oxidativo significativamente más elevados que las personas con peso normal. La hipertrofia de los adipocitos genera una sobreproducción de radicales libres que daña las mitocondrias, reduce su capacidad de quemar grasa y retroalimenta el ciclo de inflamación.
El estrés oxidativo no solo daña las mitocondrias: también altera la señalización de la insulina (empeorando la resistencia), daña el ADN celular, reduce la producción de NAD+ (una molécula esencial para el metabolismo energético) y compromete la integridad de la barrera intestinal (agravando la disbiosis).
¿Ves cómo todas las causas se conectan? La inflamación genera estrés oxidativo. El estrés oxidativo empeora la inflamación. Ambos alteran la insulina y la leptina. Todo junto daña la microbiota. Y la microbiota dañada genera más inflamación. Es un sistema interconectado, y tratarlo con una dieta genérica de 1.200 calorías es como intentar arreglar un motor roto cambiándole las ruedas.
El nombre “Método Redox” viene precisamente de aquí: del equilibrio redox (reducción-oxidación) que determina la salud de tus células. Nuestro enfoque trabaja directamente sobre los sistemas antioxidantes endógenos del organismo a través de alimentos ricos en selenio, zinc, vitamina C, vitamina E, polifenoles y precursores de glutatión. No suplementos: alimentos reales seleccionados por su capacidad de restaurar el equilibrio oxidativo celular.
Causa 6: Medicación crónica, los fármacos que engordan sin que lo sepas
Esta es una causa que afecta a millones de personas y que rara vez se investiga como factor del estancamiento de peso.
Hay una lista considerable de medicamentos de uso habitual que tienen como efecto secundario documentado el aumento de peso o la dificultad para perderlo. Y no hablamos de fármacos raros: hablamos de medicación que toman millones de personas a diario.
Los antidepresivos son uno de los grupos más significativos. Un estudio de Harvard con 183.118 adultos demostró que fármacos como la sertralina, la paroxetina y la duloxetina se asocian a un riesgo un 15% mayor de ganancia de peso clínicamente relevante. Los antidepresivos tricíclicos son aún peores: hasta un 40% de los pacientes experimentan aumentos de entre 3 y 16 kg en seis meses.
Pero los antidepresivos no son los únicos. Los betabloqueantes (para la hipertensión y la ansiedad), los corticoides (para enfermedades autoinmunes e inflamatorias), los antihistamínicos con difenhidramina (para las alergias), los anticonceptivos hormonales, los antidiabéticos como las sulfonilureas y algunos antiepilépticos también se asocian con ganancia de peso.
Lo importante: Si tomas alguno de estos medicamentos, no debes suspenderlo por tu cuenta. Pero sí necesitas saber que tu dificultad para perder peso puede no ser “falta de disciplina”: puede ser un efecto farmacológico real que requiere un abordaje nutricional específico.
El mecanismo varía según el fármaco: algunos aumentan el apetito, otros ralentizan el metabolismo, otros alteran la señalización de la insulina y otros modifican la forma en que tu cuerpo almacena y libera grasa. En todos los casos, la solución no es “comer menos” (lo que probablemente ya estás intentando), sino diseñar una estrategia nutricional que contrarreste los efectos metabólicos específicos de esa medicación.
En DietaryPlus, el abordaje de pacientes medicados es una de nuestras especialidades. Hemos desarrollado protocolos específicos dentro del Método Redox para personas que toman antidepresivos, corticoides, betabloqueantes y otros fármacos que interfieren con el peso. Puedes leer más sobre este tema en nuestro artículo dedicado al impacto de los antidepresivos en el peso y cómo contrarrestarlo.

Causa 7: Disfunción tiroidea subclínica, cuando la analítica sale “normal” pero tu tiroides no funciona bien
El tiroides es la glándula que regula la velocidad de tu metabolismo. Cuando no produce suficiente hormona tiroidea (hipotiroidismo), todo se ralentiza: quemas menos calorías en reposo, retienes líquidos, te sientes cansado y la pérdida de peso se vuelve extremadamente difícil.
Hasta aquí, nada nuevo. El problema real está en lo que ocurre cuando tu tiroides funciona “regular” pero no lo suficientemente mal como para que aparezca en los rangos de referencia de una analítica estándar. Esto se conoce como hipotiroidismo subclínico, y es mucho más frecuente de lo que se piensa.
En una analítica convencional, el médico mira la TSH (hormona estimulante del tiroides). Si está entre 0.4 y 4.5 mUI/L, te dicen que “todo está bien”. Pero muchos endocrinólogos consideran que valores por encima de 2.5 ya pueden indicar una función tiroidea subóptima, especialmente si se acompañan de síntomas como fatiga, estreñimiento, piel seca, caída de cabello, sensibilidad al frío y, por supuesto, dificultad para perder peso.
Algo que deberías saber: La TSH es solo una parte de la historia. Para evaluar correctamente la función tiroidea se necesitan también la T3 libre, la T4 libre y los anticuerpos antitiroideos (anti-TPO y anti-TG). Y en muchos casos, estos marcadores adicionales revelan problemas que la TSH sola no detecta.
¿Qué tiene que ver la tiroides con todo lo anterior? Más de lo que imaginas. El hipotiroidismo, incluso subclínico, aumenta la inflamación sistémica, reduce la sensibilidad a la insulina, altera la composición de la microbiota intestinal, disminuye la producción de ácido gástrico (lo que favorece el sobrecrecimiento bacteriano) y reduce la motilidad intestinal. En resumen: una tiroides que no funciona bien activa o agrava prácticamente todas las demás causas que hemos descrito.
El abordaje nutricional del hipotiroidismo va mucho más allá de tomar levotiroxina. Requiere optimizar los micronutrientes que la tiroides necesita para funcionar (selenio, zinc, yodo, hierro, vitamina D), reducir los alimentos que interfieren con su función y abordar la inflamación autoinmune que, en la tiroiditis de Hashimoto, es la causa de fondo del problema.
¿Cómo se conectan todas estas causas entre sí?
Si has llegado hasta aquí, probablemente ya lo habrás notado: estas siete causas no son independientes. Forman un sistema interconectado donde cada una alimenta a las demás.
La inflamación crónica genera estrés oxidativo y resistencia a la insulina. La resistencia a la insulina promueve más inflamación y más almacenamiento de grasa. La grasa adicional libera más citoquinas inflamatorias. El estrés oxidativo daña las mitocondrias y reduce la capacidad de quemar grasa. La disbiosis intestinal genera inflamación sistémica a través de la endotoxemia. La resistencia a la leptina mantiene el apetito elevado y el metabolismo bajo. La disfunción tiroidea ralentiza todo el sistema. Y la medicación crónica puede empeorar cualquiera de estos mecanismos.
Conclusión clave: Por eso las dietas convencionales no funcionan. Porque tratan un síntoma (el exceso de calorías) sin abordar el sistema que lo produce. Es como bajar el volumen de una alarma de incendios en lugar de apagar el fuego.
Este es precisamente el enfoque del Método Redox: no tratar cada causa por separado, sino abordar el sistema completo. Reducir la inflamación, restaurar el equilibrio oxidativo, optimizar la señalización hormonal, reconstruir la microbiota y adaptar la alimentación a la bioquímica individual de cada persona. Todo al mismo tiempo, porque así es como funciona tu cuerpo: como un sistema integrado.
Qué puedes hacer ahora mismo (y qué no deberías hacer)
Si te has reconocido en una o varias de estas causas, es tentador buscar una solución rápida. Resiste la tentación. Aquí tienes lo que la evidencia dice que funciona y lo que no.
Lo que NO funciona para el sobrepeso resistente es seguir reduciendo calorías (si ya comes poco, comer aún menos solo empeorará la adaptación metabólica), hacer cardio excesivo sin trabajo de fuerza (perderás músculo, que es precisamente lo que necesitas para mantener tu metabolismo activo), automedicarte con suplementos “quemagrasas” o “detox” sin supervisión (la mayoría no tienen evidencia, y algunos pueden ser perjudiciales), y cambiar de dieta cada dos semanas sin dar tiempo a que ninguna haga efecto.
Lo que SÍ funciona es priorizar la calidad nutricional sobre la cantidad calórica: una alimentación rica en antioxidantes, grasas saludables, proteína suficiente y fibras que alimenten tu microbiota. Incorporar entrenamiento de fuerza (el músculo es metabólicamente activo y mejora la sensibilidad a la insulina). Cuidar el sueño, porque dormir menos de 7 horas altera la leptina, la grelina y el cortisol de formas que promueven el almacenamiento de grasa. Reducir el estrés crónico, que es un potente promotor de inflamación y de acumulación de grasa visceral. Y, sobre todo, buscar un profesional que investigue las causas de fondo en lugar de darte otra dieta de 1.200 calorías.
Nuestros pacientes lo dicen así: “Por primera vez alguien me explicó por qué no adelgazaba. No era un problema de voluntad, era un problema metabólico que nadie había investigado.” Puedes leer más experiencias en nuestras opiniones verificadas.
Preguntas frecuentes
¿Cómo sé si tengo inflamación crónica de bajo grado?
No siempre produce síntomas evidentes, pero hay señales: fatiga persistente, dificultad para perder peso abdominal, dolores articulares sin causa aparente, digestiones pesadas, hinchazón frecuente y analíticas con proteína C reactiva (PCR) elevada, aunque sea ligeramente. Una PCR ultrasensible por encima de 1 mg/L ya merece atención, aunque los rangos de laboratorio no la marquen como “anormal”.
¿La resistencia a la insulina aparece en una analítica normal?
No siempre. La glucosa en ayunas puede ser normal durante años mientras la resistencia a la insulina ya está instalada. Para detectarla de forma precoz se necesita medir la insulina en ayunas y calcular el índice HOMA-IR. Valores de HOMA-IR superiores a 2.5 sugieren resistencia. Sin embargo, en España este índice no se solicita de forma rutinaria.
¿Puedo corregir la disbiosis intestinal con probióticos de farmacia?
No es tan simple. Los probióticos genéricos contienen cepas seleccionadas que pueden o no ser las que tu intestino necesita. La restauración real de la microbiota requiere una estrategia integral que incluya alimentos prebióticos específicos, fibras fermentables adecuadas a tu tolerancia, eliminación de factores que perpetúan la disbiosis (estrés, fármacos, lectinas y otros antinutrientes) y una reintroducción alimentaria guiada.
¿El Método Redox puede ayudarme si tomo medicación crónica?
Sí. De hecho, es una de nuestras áreas de mayor especialización. No modificamos la medicación (eso corresponde a tu médico), pero diseñamos un plan nutricional que contrarresta los efectos metabólicos de los fármacos que tomas. Trabajamos con pacientes que toman antidepresivos, betabloqueantes, corticoides, antiepilépticos y otros medicamentos que dificultan la pérdida de peso. Conoce los 7 beneficios comprobados del Método Redox para tu metabolismo.
¿Puedo seguir el Método Redox desde fuera de Zaragoza?
Sí. Atendemos pacientes de toda España mediante consulta online con el mismo nivel de personalización y seguimiento que la consulta presencial. De hecho, una parte importante de nuestros pacientes con sobrepeso resistente nos consultan desde otras ciudades precisamente porque no encuentran este tipo de abordaje integral en su zona.
Si comes bien y no adelgazas, el problema no eres tú. Es lo que nadie está mirando.
Llevas meses, quizá años, sintiéndote culpable cada vez que la báscula no baja. Has escuchado mil veces que “solo tienes que comer menos y moverte más”. Y cada vez que lo intentas y fracasas, la frustración crece y la confianza en tu propio cuerpo disminuye un poco más.
La realidad es otra. Tu cuerpo no está roto. No te falta disciplina. Lo que te falta es que alguien mire más allá del plato e investigue los mecanismos reales que están bloqueando tu metabolismo: la inflamación silenciosa, la resistencia hormonal, el estrés oxidativo, el desequilibrio bacteriano, el efecto de tu medicación, la función de tu tiroides.
El sobrepeso resistente no es un problema de voluntad. Es un problema metabólico que requiere un abordaje metabólico.
En DietaryPlus llevamos más de 20 años tratando exactamente estos casos. Personas que han probado todo y necesitan algo diferente. Nuestro equipo de nutricionistas colegiados, formados en el Método Redox, trabaja cada día con pacientes cuya biología se resistía a cambiar hasta que alguien entendió por qué.
Si quieres dar el primer paso, puedes pedir tu cita llamando al 900 823 935 o escribirnos por WhatsApp al 876 70 93 61. La primera consulta tiene un coste de 49€. Atendemos de forma presencial en nuestra clínica de Zaragoza (C/ Pablo Casals 16, barrio Actur) y mediante consulta online para toda España.
Porque tu cuerpo no necesita otra dieta. Necesita que alguien entienda lo que le pasa.
Artículo elaborado por el equipo clínico de DietaryPlus, clínica de nutrición especializada en casos complejos. Reconocida como clínica de nutrición más innovadora de España 2025.
Referencias científicas
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- Morales Clavijo, M., Carvajal Garcés, C. F. (2010). “Obesidad y resistencia a la leptina.” Gaceta Médica Boliviana, 33(1), 63-68.
- Chero-Sandoval, L. et al. (2024). “Microbiota intestinal en pacientes con obesidad: relación con nutrición, obesidad e inflamación.” Nutrición Clínica en Medicina, vol. XVIII.
- Cedars-Sinai Medical Center (2024). “Una investigación más profunda del microbioma intestinal muestra cambios relacionados con el peso corporal.” Cedars-Sinai Newsroom.
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